El Maestro y Estudiante perfecto

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El sueño de todo maestro, el estudiante perfecto. Ese estudiante que desde el primer día vive emocionado por aprender. Que pregunta, que estudia, que entrena dentro y fuera de tiempo. Contesta con precisión en clase y desea algún día ser maestro.

Te suena familiar? Si alguna vez enseñaste o lo haces actualmente y suspiras cuando imaginas esto, posiblemente eres maestro de esos que tiene vocación y en tu mente posiblemente estarás diciendo “ya quisiera yo!”

Maestro que me lees no te sientas solo, porque no lo estás. Si te sientes frustrado muchas veces, quiero que sepas que es muy común que como maestro de vocación anheles esto. Nota que dije común, no dije que estaba bien, claro está tampoco dije que estaba mal. Eso lo dejaré a tu discreción al terminar el artículo.

LAS ETAPAS

Crecimiento

Toda disciplina, ya sea de combate, de baile, arte o cualquier otra, toma tiempo para masterizarla. Esto quiere decir que un estudiante puede pasar años en lo que logra tener un dominio absoluto de la misma. Por qué importa esto? Bueno, porque uno no puede esperar madurez de una persona que aún no ha alcanzado madurez, ya que la madurez es el resultado de lo aprendido de las experiencias. Esperar esto es similar a esperar frutos de una planta que apenas sembramos hace una semana. Acaso creemos que un joven que comenzó a los 13 años de edad por emoción sabe lo que quiere para su vida aún? Acaso no sufrirá una amalgama de cambios y procesos que afectaran su cosmovisión y sus prioridades? Como puede un muchacho de 13 años saber con exactitud lo que va a querer cuando tenga 25,30 o 40? Por igual si alguna persona comenzó en tal disciplina porque estaba pasando por un proceso de rehabilitación, ya sea emocional o de alguna substancia, estará pensando esta persona en ser EL ESTUDIANTE PERFECTO? Por supuesto que no! Esta persona está utilizando la disciplina como puente para cruzar de una etapa a la otra, como método de apoyo y no como un proyecto de vida.

LA DECISIÓN

La decision

Personalmente he tenido de todo. Personas que juraban por su vida que querían hacer de la disciplina su norte, solo para darse cuenta meses o un año después que enamorarse de alguien, o algun trabajo, llegó a ser mas importante. Por otra parte, tuve personas que llegaron porque estaban pasando un proceso difícil y al superar ese proceso ya no encontraban más motivo por la cual continuar. La disciplina habia cumplido su propósito en su vida, superarse.

Por igual actualmente tengo estudiantes que comenzaron por alguna de estas situaciones mencionadas arriba, solo para darse cuenta que con el tiempo, la experiencia los transformó de tal forma que la misma tomó un lugar protagónico en sus vidas. Que lograron alcanzar unos niveles de profunidad que jamás pensaban y hoy día caminan junto a mi dandome la mano en todo lo que es nuestro hermoso proyecto. Que llegaron por hacer algo casual y ahora toman el camino de manera absolutamente formal.

CONCLUSIÓN

Entonces que podemos decir? Que hay que darle tiempo a la gente. A minimizar nuestras expectativas y a tener una visión mucho más amplia. Aceptar que no todo el mundo tiene las mismas razones o los mismos motivos para hacer las cosas. Ciertamente como maestro también tenemos el derecho de escoger a quienes enseñamos y exluir a los que no queremos, pero aún así, utilizando todo nuestro discernimiento para evitar dolores de cabeza, no estamos exentos de encontrar sorpresas en aquellos estudiantes que escogimos.

La manera más fácil de saber si el ESTUDIANTE PERFECTO existe o no, lo encontramos cuando nos miramos frente al espejo… y sabiendo que con todo el esfuerzo con el que hemos trabajado por tantos años, podemos reconocer que también hemos padecido cambios… y que definitivamente nosotros tampoco lo fuimos.